salí del café a las 13:07. aparenté normalidad, ser uno más en la masa de gente del boulevard. pero en mi cabeza contaba hacia atrás. veinte, diecinueve, dieciocho...
la vibración del teléfono móvil me sacó del trance. Sólo decía “ya llegó”.
Seguí caminando mis diez kilómetros diarios entre la música pirata y las baratijas. Ya envié el mensaje; ahora me arriesgaré quedándome a ver las olas que forma mi piedra en este estanque, al menos hasta que mi reservación sea confirmada. El dinero ya está en mi cuenta suiza, no pido más por hoy.
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