De nuevo me rindo ante una mujer. Aunque podría alegar a mi favor circunstancias atenuantes. Esta vez. Aunque rendirme ante una voluntad femenina fue lo que me trajo hasta acá, ¿no?
Sylvia apoya la parte baja de la espalda contra el estante pared-a-pared de los vasos y las botellas; en el saliente que suelen tener todos esos muebles. También apoya las plantas de las manos y los dedos. No sé por qué me recordó a una barista muy querida de cuando viví en Los Gatos, California.
Lenguaje corporal de chica bartender: ‘Never mind the big table, she’s open.’ Está a tu nivel, Mac…
Después de reír un poco, Sylvia retoma el interrogatorio con un desafiante movimiento de quijada.
- So?
Risa privada... Aprendió eso de mí... (más probablemente se le pegó), y a pesar de todo el tiempo que llevamos conociéndonos, todavía no le llega al acento.
- Pues bien, - respondo, y sé que el licor me ha tomado por sorpresa con las defensas bajas, porque yo nunca uso esas palabras. – Aquel domingo rompí una promesa que me había hecho a mí mismo.
- Riiight, and... – Sylvia seguía usando modismos en inglés, lo que me hace suponer que el Samogone la revolcó. Sigo.
- Así que, al salir de ahí, decidí caminar hasta el apartamento (como aquella otra vez); mareado y vapuleado (también como aquella otra vez). Sólo que esta vez no fue el alcohol sino los cigarrillos...
- Pero no pasó nada.
- Exactamente por eso.
Sylvia abrió los ojos como monedas de cuarto de dólar; le centellearon como si le hubiese caído encima la barra entera; sacudió la cabeza rápidamente como si se le hubiese posado una mosca en la nariz; y regresó con una cita de webcomic.
- No wonder he’s still single.
“No es por nada que él sigue soltero”. Creo que la sacó de una de mis preferidas, Questionable Content. Si no me apuras mucho, te puedo dar el número de capítulo. Ja. O mas bien ‘Jáh!’
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