Ésta antes fue una grande y orgullosa ciudad, con una herida abierta que la dividÃa en dos. Nadie podÃa verla, pero aquellos que vivÃan allà la tenÃan presente todo el tiempo; y más aún en los dÃas finales; cuando era requisito de vida estar de uno u otro lado.
Nadie sabe dónde se abrió la primera trinchera, pero puedo apostar que fue en la avenida que bordeaba el pie de la cordillera que separaba al valle y al mar.
Bajo tierra, los inocentes que habÃan corrido a esconderse en los túneles temÃan la llegada de los vagones, que a veces salÃan cargados de asesinos cegados e insensibles que buscaban las aceras para atacar.
Ya nadie cuenta esta historia, pero yo estuve allÃ; y aunque, como muchos, pensaba que con ser espectador nada me sucederÃa. Pero siempre llega un momento en que la trinchera llega a casa.
Lo primero que recuerdo fue el dÃa en que se fracturó y cayó el gran puente.
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