Último taxi...
Sentado en el asiento trasero de uno de esos extraños carros japoneses, casi tan alto como ancho, con ruedas pequeñas casi en las esquinas y suficiente tamaño para cinco y sus cuadernos. O para tres, descontando al conductor.
Es una mañana brillante y todo lo que puede verse a través de las ventanas está soberbiamente iluminado y pleno de color. Curioso ver bajo otra luz un paisaje ya transitado. Dirección aeropuerto de Kansai.
Dos horas de carretera por el capricho de partir de un aeropuerto flotante. Un aeropuerto más, como si fuera una colección, en donde se encuentra también el dudoso privilegio de ser uno de los últimos en despegar de esa peligrosa lengua de tierra robada a la bahÃa de Hong Kong, llamada Kaitak. Unos metros de más al despegar, y darÃamos de bruces contra el agua.
Dos horas de carretera y los últimos momentos de Wi-Fi gratuito antes de abordar otro elefante plateado.
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